Sunday, November 28, 2010

Comentario: A instancia de parte


Comentario de
A instancia de parte
Por Mercedes Formica
Editorial Castalia, 1991

TROZO (Cap. XXIII, p. 224-225)
1. Los balcones de la “casa de al lado” se abrieron de par,
2. en par. Despuntaba el día, y a la terraza del Asilo se aso-
3. maron los ancianos.
4. -¡Gregorio! ¡Hijo!
5. Negras caballeras sueltas, blusas desabrochadas, ros-
6. tros afeados por el maquillaje corrompido, cercaron a
7. Chano.
8. -¿Qué buscas?
9. –Una ventana.
10. Gritaban allí mismo. Gritaba una mujer. Un chirrido
11. lacerante, que pudría la sangre.
12. Con la luz exterior, entró el alarido de Aurelia.
13. -¡Gregorio! ¡Hijo! ¿Me oyes?
14. –Que calle esa mujer. Daré todo mi dinero a quien
15. haga callar a esa mujer.
16. -¿Y qué te importa que grite? ¿Qué te va, ni te viene?
17. Los ancianos del Asilo se disputaban los mejores rinco-
18. nes, atraídos por el espectáculo de la calle.
19. Carmen, lloraba en su dormitorio, transida de pavor.
20. Le habían dicho que la madre de Gregorio había muerto y
21. ahora la oía gritar, bajo su propia ventana.
22. Dominando sus nervios Rosalía ordenó a Setefilla. Sal
23. por la puerta de atrás y avisa a la policía. Que se lleven a
24. esa mujer.
25. La de Paterna, no se movió.
26. -¿Acaso hablo en chino?
27. La otra continuó, impertérrita.
28. –En mi casa no tolero insolencias.
29. La criada desapareció, revestida de dignidad. Jamás se-
30. ría cómplice de la canallada de quitar un hijo a su madre.
31. Refugiado en la torre, Gregorio pegaba la frente a los
32. ladrillos del suelo, los brazos sobre la cabeza, intentando
33. sofocar el grito de su madre.
34. Sentía el impulso de correr a su lado, de besar sus cabe-
35. llos, de alzarla de la tierra. Sin embargo, su padre había
36. dicho que era una mala mujer, tan despreciable y vil como
37. cualquiera de las mujeres de la “casa al lado.” Y a
38. Gregorio le costaba mucho que su padre no mentía.
39. -¿Me oyes?
40. Cada fibra del muchacho se alertaba con el grito.
41. –Tengo que ser un hombre. Mi padre no miente.
42. Apareció Carmen, a medio peinar, las trenzas deshe-
43. chas. Vio a su héroe derribado en el suelo y por vez pri-
44. mera se sintió la más fuerte.
45. Se arrodilló a su lado, lo estrechó contra su corazón.
46. ¡Déjame!
47. Ella siguió acunándole.
48. –Deja he dicho.
49. Su rechazo, sin embargo, era cada vez menos obsti-
50. Nando.
51. Aurelia ya no gritaba.
52. De la calle subía un gemido sordo, una especie de la-
53. mento animal.

LOCALIZACIÓN
Este trozo se encuentra en el penúltimo capítulo de la novela, después del juicio de Aurelia. Le han dicho que tendrá que cumplir diez años encarcelada en un convento en las Filipinas, y durante ese tiempo, no le permitirá tener ningún contacto con su hijo. Mientras que ella está esperando ser enviada al extranjero, las otras mujeres en el convento “la habían juzgado torpe, primitiva, resignada,” (p. 223) pero en realidad está esperando el momento ideal para escaparse. Finalmente, se escapa del convento. Está segura de que la policía la busca y que no tiene mucho tiempo. Va a su antigua casa para encontrar a su hijo. Este trozo es la última vez que Aurelia se presente en la novela.

ASUNTO
En la casa al lado de la casa de Rosalía, los balcones se abren. Es madrugada y hay personas en la calle por causa del ruido. A todos les interesa lo que está pasando en la casa de Rosalía. Aurelia le está gritando a su hijo desde fuera de su ventana.  Chano sueña con Aurelia. Una persona le pide a alguien para hacerla callar. Sigue gritando en voz alta. Más personas vienen a ver lo que está pasando. Dentro de la casa, Carmen llora en su cuarto porque oye la voz de Aurelia, pero le ha dicho que ha muerto. Rosalía le pide a Setefilla avisar a la policía para que lleven a Aurelia. Setefilla no quiere hacerlo y le dice que no. No quiere separar a una madre y su hijo.  En su cuarto, Gregoria está pegando la cabeza al suelo y cubriéndose las orejas. No quiere oír los gritos de su madre. Quiere estar con su madre, pero su padre le ha dicho que ella no es nada más que una prostituta. Gregorio está convencido de que su padre no le miente. Aurelia sigue gritando a Gregorio, pero no la contesta. Piensa que tiene que ser fuerte. Su amiga Carmen viene a su cuarto con el cabello deshecho. Vio a Gregorio sufriendo y se siente más fuerte que él por primera vez. Intenta consolarlo, pero Gregorio la rechaza. Ella lo acuna, como si fuera un bebé. En la calle, Aurelia deja de gritar. Desde la calle se oye un gemido y nada más.

ESTRUCTURA
Este trozo está compuesto de 53 renglones que forman parte de 16 párrafos. Cómo el resto de la novela, se narra en tercera persona por el uso de un(a) narrador(a) omnisciente, lo que sirve para darle al lector un perspectivo amplio acerca de los pensamientos y sentimientos de cada uno de los personajes.  Los eventos se revelan por una combinación de dialogo y narración en el pasado.

APARTADOS
Este trozo se puede dividir en tres apartados distintos:
Apartado A (ll.1-18)- Reacciones de las personas fuera de la casa a los gritos de Aurelia: “Los balcones de la “casa al lado” se abrieron…atraídos por el espectáculo de la calle.”
Apartado B (ll. 19-50)- Reacciones de las personas dentro de la casa a los gritos de Aurelia: “Carmen, lloraba en su dormitorio, transida de pavor…Su rechazo, sin embargo, era cada vez menos obstando.”
Apartado C (ll. 51-53)- Reacción de Aurelia cuando se da cuenta de que ha perdido a su hijo: “Aurelia ya no gritaba…una especie la lamento animal.”

APARTADO A
Los balcones de “la casa de al lado” se abrieron de par en par. Despuntaba el día, y a la terraza del Asilo se asomaron los ancianos. (ll. 1-3)
El primer apartado comienza con una descripción de lo que pasó en la vecindad después de los primeros gritos de Aurelia. Ella causó una perturbación tan impactante, que muchas personas, incluso las mujeres del burdel de al lado, tienen curiosidad por ver lo que está pasando. El día apenas comienza, por lo que muchas personas probablemente han estado durmiendo. El uso del verbo "asomar" implica que las personas están un poco nerviosas y temerosas hacia la situación.

¡Gregorio! ¡Hijo! (l. 4)
Aquí tenemos las palabras de Aurelia, dirigidas a su hijo desde debajo de su ventana. Es interesante notar que sus gritos se dirigen exclusivamente a su hijo. No hace ningún intento para llamar a su marido, o aún hablar con una de las empleadas a la puerta de la casa. En este momento de la novela, hablar con su hijo es su único objetivo.

Negras caballeras sueltas, blusas desabrochadas, rostros afeados por el maquillaje corrompido, cercaron a Chano. (ll. 5-7)
Chano, agobiado por la culpa de sus acciones, sueña con Aurelia. Lo más probable es que este sueño fue provocado por el sonido de su voz en la calle. Chano la ve en todas partes; muchas Aurelias lo rodean, lo cercaron. Chano se acuerda de su blusa desabrochada y su maquillaje, corrompido por sus lágrimas de confusión. Incluso en sus sueños, él no es capaz de la culpa que se siente acerca de lo que le ha hecho a ella.

--¿Qué buscas? –Una ventana. (ll. 8-9)
En el sueño, Chano pregunta a Aurelia de lo que está buscando. Ella le dice que está buscando a una ventana. Se puede suponer que Aurelia está buscando la ventana o para llamar a su hijo o para saltar por ella para suicidarse y escaparse de su sufrimiento.

Gritaban allí mismo. Gritaba una mujer. Un chirrido lacerante, que pudría la sangre. (ll. 10-11)
Las mujeres dentro del sueño de Chano, las que representan a Aurelia, comienzan a gritar. A la vez, la Aurelia verdadera grita a su hijo desde fuera de la casa. Los gritos desesperados de Aurelia se describen aquí como chirridos. Esta palabra se define por el DREA como:
1. m. Voz o sonido agudo y desagradable de algunas aves u otros animales, como el grillo, la chicharra

Igual con la mayoría de los animales, es parte de la naturaleza de una madre hacer todo lo que pueda para quedarse con su hijo. Aquí se ve a Aurelia como un ave madre, llamando a su bebé. Está en conflicto completo con sus instintos naturales permitir a sí misma separarse de él. Además, la palabra lacerante implica que sus gritos son llenos del dolor y del sufrimiento, y que causan a las personas que los oyen sentir el mismo dolor intenso. Sus gritos de angustia les cortan y les hieren emocionalmente a las personas que las escuchan. A las personas que los oyen, es tan imposible ignorar la congoja vehemente de cada palabra como ignorar cuchillos punzantes. Por causa de su temor y desesperación, su tono de voz es tan alto que su grito pudría la sangre. Esta expresión idiomática revela algo importante del estado emocional de Aurelia. También el verbo pudrir se asocia mucho con la muerte. La relación entre madre e hijo está pudriendo aquí, muriendo lentamente por un proceso doloroso que viola las leyes de la naturaleza.

Con la luz exterior, entró el alarido de Aurelia. ¡Gregorio! ¡Hijo! ¿Me oyes? (ll. 12-13)
En esta línea se menciona la luz exterior, la luz del sol. Entra en la casa por las ventanas, acompañada por la voz frenética de Aurelia. La imagen de la luz se asocia frecuentemente en la literatura con la esperanza y hasta este punto, Aurelia todavía tiene la esperanza de estar con su hijo otra vez. Ha venido a la casa y lo está llamando, solamente a él, porque espera que todavía la ame y no la haya abandonada. Cuando le pregunta “¿Me oyes?” todavía espera que no le haya respondido porque ya no ha oído su voz. Sin embargo, el uso de la palabra alarido se revela su conflicto interno entre la esperanza y el temor. El DREA define “un alarido” como,

1. m. Grito lastimero en que se prorrumpe por algún dolor, pena o conflicto.
2. m. Grito fuerte o estridente. U. t. en sent. fig.
3. m. Grito de guerra de la tropa al entrar en batalla.

Los gritos crecen cada vez más fuertes y estridentes porque son manifestaciones de su incertidumbre y miedo de que su hijo no le responda. Él representa su última fuente de esperanza y alegría en el mundo, y ha jurado que nunca lo abandonará mientras esté en vida. En este sentido, la tercera definición de la palabra alarido sería la más adecuada. A Aurelia no le importan las leyes de hombre; está lista para entrar en cualquier guerra y para luchar en cualquier batalla para estar con su hijo. Pero cuando su luz ha apagado (la que representa su esperanza de estar con su hijo), Aurelia es esencialmente una mujer muerta.  

--Que calle esa mujer. Daré todo mi dinero a quien haga callar a esa mujer. --Y ¿qué te importa que grite? ¿Qué te va, ni te viene?
 (ll. 14-16)
Aquí dos personas se hablan de lo que está pasando en la calle. No está claro quién está hablando. La primera persona expresa su molestia con la situación. Quiere que Aurelia se calle. No usa su nombre para poner distancia emocional entre ellos. La segunda persona está involucrando completamente en el drama de la situación, y quiere ver lo que pasará luego. No quiere que la mujer se calle. Es por eso que le pregunta“¿qué te importa que grite?”

Los ancianos del Asilo se disputaban los mejores rincones, atraídos por el espectáculo de la calle. (ll. 17-18)
Esta línea es otra observación de la naturaleza humana. Las personas en la calle están tan inmersas en el drama de la situación, el espectáculo, que no son conscientes del hecho de que se trata de personas vivas, verdaderos seres humanos que sufren en frente de sus ojos. Es igual que cuando los conductores reducen la velocidad para ver, con morbosa curiosidad, los accidentes de tráfico en la carretera; la gente está atraída por el sufrimiento humano, atraída por el dolor de los demás. Por esta selección de palabras, se puede ver un tono negativo hacia las personas insensibles que vienen a ver lo que está pasando con Aurelia.


APARTADO B
Carmen, lloraba en su dormitorio, transido de pavor. Le habían dicho que la madre de Gregorio había muerto y ahora la oía gritar, bajo su propia ventana. (ll. 19-21)
Este apartado describe lo que está pasando con las personas dentro de la antigua casa de Aurelia. Carmen, la sobrina de Rosalía y la mejor amiga de Gregorio, está sola, sollozando en su cuarto, escuchando la voz de una mujer que creía muerta. Muestra la confianza que Julián tuvo en su plan de deshacerse de Aurelia. Fue tan confidente que le dijo a Carmen que Aurelia murió. Para él, era mejor decir una mentira horrible que sacrificar su propia felicidad frívola. La pobre chica, transido de pavor, tiene tanto miedo que es como si pensara que Aurelia fue una fantasma. Después de la conclusión del trozo, no estará muy lejos de la verdad.

Dominando a sus nervios, Rosalía ordenó a Setefilla. Sal por la puerta de atrás y avisa a la policía. Que se lleven a esa mujer. (ll. 22-24)
Rosalía ya sabe que Aurelia es inocente de cualquier crimen. Pero ya ha decidido ayudar a Julián y por eso, tiene que pasar un momento dominando a sus nervios. Entiende perfectamente que lo que está haciendo es injusto y por eso, tiene que desasociarse de Aurelia antes de actuar. Le manda a una de las criadas para llamar a la policía.  Se despersonaliza a Aurelia, llamándola “esa mujer” en vez de usar su nombre, para ayudarla a convencerse a sí misma que realmente no hiere a una persona conocida. Rosalía tiene que olvidarse de Aurelia --la persona, la madre, la esposa, la víctima inocente-- para que no se sienta culpable por lo que hace.

La de Paterna, no se movió. --¿Acaso hablo en chino? La otra continuó, impertérrita. –En mi casa no tolero insolencias. La criada desapareció, revestida de dignidad. (ll. 25-29)
Antes de este momento, Setefilla no ha sido amable en su tratamiento de Aurelia. Ha hecho referencias despreciativas hacia el color de su piel y su raza mixta. Sin embargo, ahora reconoce el horror de lo que le ha pasado y niega a participar en ello. Aunque no la defiende con palabras, su decisión de no llamar a la policía es la primera vez en la novela donde uno de los personajes hace algo completamente desinteresado por otro personaje. Ya que ella no ayuda a Rosalía, puede recuperar su dignidad.

Jamás sería cómplice de la canallada de quitar un hijo a su madre. (l. 30)
Esta línea expresa el tema del trozo, y tal vez de la novela en general. Setefilla cree que es una canallada quitar Gregorio a Aurelia. La palabra canallada, que viene de la palabra canallada tiene fuertes connotaciones negativas. La palabra canalla es, según el DREA,

3. com. coloq. Persona despreciable y de malos procederes.

Esta palabra expresa la depravación de un acto tan antinatural como la separación de una madre y su hijo. La palabra cómplice pone aún más énfasis en la naturaleza criminal del acto. Un cómplice es (según el DREA),

2. com. Der. Participante o asociado en crimen o culpa imputable a dos o más personas.
3. com. Der. Persona que, sin ser autora de un delito o una falta, coopera a su ejecución con actos anteriores o simultáneos.

La criada entiende que la separación de Aurelia y su hijo es un acto criminal –según las leyes de la naturaleza en vez de las del hombre. Su decisión de negar a cooperar con Rosalía y Julián le permite alejarse de la situación con su dignidad y su conciencia intactas.

Refugiado en la torre, Gregorio pegaba la frente a los ladrillos del suelo, los brazos sobre la cabeza, intentando sofocar el grito de su madre. (ll. 31-33)
Esta línea tiene el efectivo de mostrarle al lector el tormento emocional del hijo de Aurelia, Gregorio, dentro de la casa. Se ve este tormento claramente por la descripción de su estado físico. Está en la posición fetal, tratando de ahogar los gritos de su madre. Estos gritos lo han vuelto de nuevo al estado más infantil físicamente. Está tan agobiado que está intentado hacerse daño físico a sí mismo. Muchas veces, una persona se hace daño en un intento de ejercer control cuando las situaciones le parecen más volátiles. Está claro que Gregorio está en agonía, sufriendo físicamente y emocionalmente debido a factores fuera de su control. Intenta escapar de la situación tapando los oídos, pero todavía puede oír los gritos de su madre.

Sentía el impulso de correr a su lado, de besar sus cabellos, de alzarla de la tierra. (ll. 34-35)
Sobre todo, esta línea le recuerda al lector de que Gregorio todavía es un niño joven. También da luz al conflicto interno que está tirando a Gregorio por dos lados opuestos. Todavía quiere a su madre, y desea que la relación entre ellos sea como era antes. El uso de la palabra impulso indica que es parte de la naturaleza de un hijo amar a su madre. Aún después de todas las cosas terribles que le dijo su padre sobre ella, todavía sigue siendo su instinto amarla y estar con ella. No puede controlar este impulso, que es parte de la razón por que está sufriendo tanto. También es interesante que Gregorio diga que quiere alzar a Aurelia, una palabra que lleva una connotación religiosa. El uso de esta palabra muestra que todavía hay una parte dentro de Gregorio que cree que su madre es buena mujer, limpia de los pecados de que su padre la ha acusado.

Sin embargo, su padre había dicho que era una mala mujer, tan despreciable y vil como cualquiera de las mujeres de la “casa al lado.” Y a Gregorio le costaba mucho que su padre no mentía. (ll. 35-38)
Aquí se ve el otro lado del debato interno de Gregorio. Le revela al lector que su padre intentó envenenarlo en contra de su madre, usando palabras muy negativas como despreciable y vil para describirla.  Estas palabras se usan para describir el peor tipo de persona, personas que son verdaderamente indignos de amor y respeto. También la ha comparado con las prostitutas al lado, diciendo a su hijo de diez años que su madre no es mejor que una puta común. Es casi imposible por Gregorio alinear esta descripción fea con lo que sabe de su madre, pero tiene que creer que su padre le está diciendo la verdad. Mira a su padre como ejemplo de un hombre bueno, y intenta esforzarse a sí mismo reprimir sus propios instintos hacia su madre, aunque es una lucha difícil.

--¿Me oyes? – Cada fibra del muchacho se alertaba con el grito. –Tengo que ser un hombre. Mi padre no miente. Apareció Carmen, a medio peinar, las trenzas deshechas. (ll. 39-43)
Aurelia le grita otra vez a su hijo. Tiene miedo de que Gregorio no la oye, pero la verdad es exactamente lo contrario: él no puede dejar de oírla. Todo su cuerpo, cada fibra de su ser es consciente de su presencia, de su dolor, y él no puede escaparla. Es decir que no puede concentrarse en otra cosa. Tiene que recordarse de que su padre no le miente. Para tener sentido normal en su vida, tiene que convencerse que su padre le ha dicho la verdad sobre su madre. Su padre le ha dicho que tiene que ser un hombre, probablemente en un intento de conseguir que se olvide de ella. Y una parte clave de convertirse en un hombre adulto es dejar de un lado la dependencia de la madre. Sin embargo, Gregorio es demasiado joven para pedirle que haga algo tan doloroso y antinatural. Existe aquí también la implicación de que parte de ser masculino trata de la capacidad de separarse emocionalmente de las mujeres con las que tiene las relaciones más fuertes. Mientras está escuchando a su madre llorando por él, Carmen entra en la habitación. Igual que a Gregorio, se la ve perturbada por la presencia de Aurelia. Su cabello despeinado muestra la agitación rara dentro de la casa; hasta las tareas más simples se ven perturbadas por la presencia de Aurelia. Nada dentro de la casa es como debe ser.

Vio a su héroe derribado en el suelo y por vez primera se sintió la más fuerte. (ll. 43-44)
En medio de las turbulencias de la casa, los roles de género de los dos niños se invierten. El sufrimiento visible de Gregorio se quita su domino. La imagen de un héroe fuerte, ahora derribado, derrotado en una posición sumisa a sus pies le impresiona tanto a Carmen que ella decide tomar el control en la relación. Ahora Carmen ha visto un ejemplo de lo que puede pasar cuando una mujer en esta sociedad pierde el control en una relación. Por está razón, acepta con gusto su momento de poder.  

Se arrodilló a su lado, lo estrechó contra su corazón. –¡Déjame! Ella sigue acunándole. –Deja he dicho.—Su rechazo, sin embargo, era cada vez menos obstinando. (ll. 45-50)
Aquí Carmen toma el papel de la madre de Gregorio madre físicamente y emocionalmente. Lo sostiene contra su corazón -- contra su pecho-- y lo acuna, como una madre acuna a un bebé. Hay un montón de imágenes de la muerte asociadas con Aurelia en la novela, pero aquí el/la narrador(a) pone de relieve la vitalidad de Carmen por la manera en que ella lo sostiene contra su pecho para que pueda sentir su corazón latiendo: la evidencia física de que ella está viva. Lo está apoyando físicamente y emocionalmente, incluso cuando Gregorio trata de "ser hombre" y rechazarla. Él está abrumado por su presencia materna, y sus sentimientos contradictorios hacia su propia madre lo obligan a aceptar el contacto consolador de Carmen.


APARTADO C
Aurelia ya no gritaba. (l. 51)
Es importante notar que el/la narrador(a) dice en este apartado que “Aurelia ya no gritaba” en vez de “Aurelia deja de quitar.” No ha dejado de luchar, pero no puede seguir. Entiende por fin que el hijo amado que había dejado hace unas semanas ya es una persona totalmente diferente. El hombre joven dentro de la casa ahora es un desconocido. A Gregorio le han hecho un lavado de cerebro tan exitoso que ahora no hay nada que ella reconoce de su bebé en él. Ella no ha roto su promesa de seguir luchando por su hijo mientras ella está viva, porque el bebé ya no existe. Además, emocionalmente ella misma está muriendo.

De la calle subía un gemido sordo, (l. 52)
Este sonido representa la muerte emocional de Aurelia. Ha perdido su casa, sus amigos, su marido, la custodia -- y sobre todo-- el amor de su bebé.  Ha perdido su última esperanza en la vida en este intento de estar a su lado. Ahora se queda con nada. El gemido sordo que oyen las personas en la casa es el sonido de una persona sometiéndose a la muerte. Sin su hijo, no tiene ganas de vivir.

una especie de lamento animal. (ll. 52-53)
Este lamento es su última expresión de su dolor por la perdida definitiva de su cría. En cuanto al aspecto animal del sonido, me recordó de lo que pasa con las vacas. Cuando las vacas madres son separadas de sus terneros, lloran y lloran, a menudo durante unos días (PETA 2010). E igual que los gritos de las vacas, el último grito de angustia de Aurelia es primordial, un producto de la violación total de su instinto natural para quedarse al lado de su hijo. Sabe que tendrá que sufrir el resto de su vida con él pensando que ella lo abandonó.

ACTITUD
La actitud de el/la narrador(a) hacia los personajes es, sobre todo, empática hacia el sufrimiento de los protagonistas. En vez de ser positiva o negativa, el tono es más de la simpatía y la lástima en cuanto a la madre y su hijo y el desdén sutil por los demás. En particular se nota la simpatía hacía el personaje de Aurelia, la madre luchando desesperadamente para llegar a su hijo. Sigue gritando y gritando; no le importa ni la ley ni la policía ni las personas observándola en la calle. Se ve claramente su deseo ferviente de estar con su hijo querido. Y en la descripción del pobre Gregorio --sufriendo en su cuarto, atormentado por la voz de su madre— su dolor y confusión son palpables. Es obvio que el/la narrador(a) nos quiere compartir el sufrimiento de ellos y comprender la injusticia de la situación. Debido a que el/la narrador(a) comparte los sentimientos de cada personaje en el pasaje, es evidente que todos los personajes se ven negativamente afectados por esta situación desgarradora.

TEMA
Es un crimen en contra de la naturaleza quitar una madre a su hijo.

CONCLUSIÓN
Este trozo es sin duda lo más desgarrador de toda la novela. Le duele al lector leerlo, sobre todo por causa de las descripciones tan vívidas del sufrimiento de los protagonistas. No tengo hijos todavía, así que sólo puedo imaginar el tipo de dolor que se siente Aurelia en este trozo. Me parece que sería un destino peor que la muerte separarse de un hijo por estas circunstancias. Aurelia no hizo absolutamente nada de malo, pero tendrá que vivir diez años de su vida en un continente diferente de su hijo. No podrá verlo crecer ni tocarlo ni explicarle su versión de los hechos. Gregorio crecerá odiándola. No entiendo como una persona puede recuperarse de este nivel de devastación.  
Aunque no es un trozo muy agradable de leer, es clave para el desarrollo de la trama y el mensaje de la novela. Para Aurelia, y para muchas mujeres hasta hoy en día, la pérdida de un hijo es mucho más trágica que la traición de su marido. Y para muchas mujeres que vivían en España durante esta época, esta situación era una realidad. Por presentar al lector con imágenes tan fuertes y dolorosas, Formica da introspección acerca de los peligros que enfrentan a las mujeres españolas. El poder de este trozo y de la novela entera le permite a la autora hacer cambios reales en la sociedad para evitar que esta situación ocurra con más mujeres.


Citado en el texto:
“alarido.” Real Academia Española. Web. 24 Noviembre 2010.
“canalla.” Real Academia Española. Web. 24 Noviembre 2010.
“chirrido.” Real Academia Española. Web. 24 Noviembre 2010.
“cómplice.” Real Academia Española. Web. 24 Noviembre 2010.
“Cows Used for Food.” People for the Ethical Treatment of Animals (PETA). Web. 24 Noviembre 2010.

2 comments:

  1. Como solía decir una amiga mía de la universidad: ¡Woot! :) Tengo que releer el mío y ya estará listo.

    Como la doctora no trae tortilla, estoy pensando que si tengo tiempo voy a comprar algo de beber (no alcohólico...) para llevar a clase. ¿Qué piensas?

    Nos vemos mañana...

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  2. Esta descripción me impresiona mucho. "Es importante notar que el/la narrador(a) dice en este apartado que “Aurelia ya no gritaba” en vez de “Aurelia deja de quitar.” No ha dejado de luchar, pero no puede seguir." Es tan poderosa, como tu comentario en total. Es muy bien razonado y escrito. La novela me parece interesante.

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