Trozo de Nada
Cap. 13, p. 156
Me acuerdo de una noche en que había luna. Yo tenía excitados los nervios después de un día demasiado movido. Al levantarme de la cama vi que en el espejo de Angustias estaba todo mi habitación llena de un color de seda gris, y allí mismo, una larga sombra blanca. Me acerqué y el espectro se acercó conmigo. Al fin alcancé a ver mi propia cara desdibujada sobre el camisón de hilo. Un camisón de hilo antiguo-suave por el roce de tiempo- cargado de pescados encajes, que muchos años atrás había usado mi madre. Era una rareza estarme contemplando así, casi sin verme, con los ojos abiertos. Levanté la mano para tocarme las facciones, que parecían escapárseme, y allí surgieron unos dedos largos, más pálidos que el rostro, siguiendo la línea de las cejas, la nariz, las mejillas conformadas según la estructura de los huesos. De todas maneras, yo misma, Andrea estaba viviendo entre las sombras y las pasiones que me rodeaban. A veces llegaba a dudarlo.
Trozo de Entre visillos
Cap. 15, p. 214-215
--Ahora –dijo--, antes de lo de mi carrera, lo primero que le tengo que pedir a mi padre es que deje ir a mi hermana a Madrid a estar un poco de tiempo. Eso importa más que lo mío.
--Pero ella es mayor, ¿no? ¿Por qué no se lo pide ella misma?
--Con ellas no se entiende. Mi padre es a mí a la que quiere más todavía. A mí me quiere mucho.
Lo dijo con orgullo, como agarrándose, a pesar de todo, a aquel afecto, o queriendo disculpar a su padre ante mí. No lo entendía bien, pero ya no quise seguir haciéndole más preguntas. Sin embargo le advertí que ella preocupara de sí misma, que era la más joven de la casa y seguramente la que importaba más que no se dejara aniquilar por el ambiente de la familia, por sentirse demasiado atada y obligada por el afecto a unos y la otras. Que la sumisión a la familia perjudica muchas veces. Limita. Me escuchaba con los ojos muy abiertos.
--Cuánto hemos hablado—dijo luego, levantándose--. Y todo el rato de mí. Me voy, es muy tarde. Me van a reñir.
--No deje que la riñan—le dije, ya en la calle, con mucha convicción--. No deje que la riñan de ninguna manera. No es tarde, hemos estado hablando de cosas que le interesan, ¿no le parece?
--Sí, pero eso no se lo puedo explicar en casa. Además me da igual que me riñan.
--Si me dice que van a reñirla, subo con usted.
Lo dije muy serio y se asustó.
--No, no. Les parecería muy raro. Adiós.
La vi desaparecer en el portal de su casa, pero antes se volvió a mirarme.
--Gracias, ¿eh? –dijo--. Gracias por todo.
Trozo de Los hijos muertos
Parte III ( La resaca), Capítulo primero (p. 429)
Allí estaba la luna de todas las noches, en aquel trozo de tierra que parecía envolverle a uno, triturarlo. La luna, con su cara beata, de recién comida, redonda, ahíta y sumida en una felicidad pastosa, abotagada. Como todo. Como todos. Sin esperanza de nada, sin recuerdos. Si acaso, alguna tristeza leve, empapada de nostalgia antigua, brotando de algún rincón ignorado, fácilmente sofocada por la paz. Esa paz extraña, oprimida contra la tierra, obturando, congestionando. Allí estaba la luna, apoyando su cara redonda y estúpida contra la montaña, asomada a las ventanas enrejadas, al río, al rancho abundante, al trabajo de la presa, al fragor de la turbina, de la trituradora, de las grúas, de las vagonetas. Un resplandor surgía de entre las montañas: el vaho tembleante y rojizo de la luz que alumbraba el trabajo nocturno. Allí, los Leoz, Navarro, López, Serrador: paletada a paletada, debajo de la luna redonda, de la paz y del silencio, del orden. Aquí, él: con la frente apoyada en la reja, con los puños apretados, hasta clavarse las uñas en las palmas. <<Se me está pudriendo la vida.>> La vida eran años, días, horas. Era minutos. Entonces, en aquel minuto, la piel respiraba y vivía despacio y monstruosamente de prisa: <<Yo no me pudro en este valle.>>
Hmmm, a ver si podemos sacar de estos libros un tema de la luna, ¿eh? :) Pues son trozos bien seleccionados.
ReplyDeleteY en otro tema no relacionado, ¡me gustó la foto de pusiste en el periódico con la noticia de tu boda!
El trozo de Los Hijos muertos es muy profundo... Sus trozos son buenos :).
ReplyDeleteel trozo de Los hijos muertos es perfecto. lo eligiste bien! : D
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